1
-Es que ya estoy harto! Ya no puedo más. Sólo me gustaría qué… -Gritó el padre de Andrea a su madre, mientras Andrea salía llorando de su casa a mitad de la noche.
Corrió dos calles hasta que se desvanecieron los gritos de sus padres, se recargó en una pared y dejó caer su cuerpo poniendo la cara entre sus rodillas.
No podía dejar de llorar; no sabía si temblaba por el frío calante o por la tristeza que estaba sintiendo, después de un tiempo dejó de escuchar el sonido de los carros en el pavimento, solo escuchaba sus sollozos: No podía llorar más, le faltaba la fuerza para dejar de sentirse así. Sólo le quedaba mantener la mente en nada. Pensaba en su padre y se enojaba.
-Hey.
Pensaba en su madre y se enfadaba aún más.
-¿Puedo ayudarte?
Sabía que sus amigos no serían de mucha ayuda como tantas veces que había sentido esa tristeza. Sintió una mano posarse en su hombro derecho. Andrea volteo hacia la izquierda, intentando ocultar su cara y cualquier sentimiento que ésta pudiera mostrar. Reunió fuerza y su voz sólo pudo ofrecer un murmullo, de sus labios salió una pequeña pero firme voz.
-Vete. Ahora!
Sin embargo el extraño no se movió, ni siquiera intentó quitar su mano del hombro de Andrea. Y con una voz suave y cautelosa, dijo:
-Estoy aquí para ayudarte. Sólo déjame hacer eso, por favor. No iré a ninguna parte sin haberlo hecho.
Ella llevó una mano a sus ojos pensando que abrían lágrimas ahí. En ese momento se dio cuenta que no tenía idea de cuánto tiempo llevaba fuera de su casa, a qué hora había salido de ahí o en qué pensamiento las lágrimas dejaron de caer, mientras lentamente buscaba la cara del desconocido. El, con un movimiento decidido y rápido, aunque no agresivo, la tomó de la cara firmemente, cubriendo sus ojos al mismo tiempo con la mano que tenía libre. Ella pensó que algo terrible iba a sucederle, ideaba maneras de huir. El sintió los músculos del hombro de Andrea tensarse bajo su mano y calmándola le explicó que antes de verlo, necesitaba que ella le concediera un favor.
-Quiero que te levantes. Al hacerlo debes de darme la espalda.
Ella se petrificó automáticamente. Deseaba salir corriendo lo más rápido que habría corrido en toda su vida pero sus piernas no respondían. Claramente escuchó una risa muy leve y tranquila.
-Tranquila, vas a estar bien. Solo tienes que confiar en mí.
Ella se calmó, pero seguía alerta. Lista para correr en cualquier segundo de ser necesario. El extraño retiró sus manos del cuerpo de Andrea y le pidió que mantuviera los ojos cerrados mientras sólo le tomó una mano, a pesar del ambiente frio Andrea sintió muy fría la mano del desconocido y la rechazo, él se disculpó después de reírse levemente, se froto las manos e intento de nuevo sostener la mano de Andrea, ella sintió como Él daba una vuelta alrededor de ella.
-Esto es solo para que sepas en donde estoy.- Dijo mientras se situaba frente a Andrea y llevaba la mano que sujetaba a su propia cara.
-Este es mi rostro. Es real, soy real y aquí estoy. No lo olvides. Ahora, puedes abrir los ojos.
Andrea obedeció, lo primero que percibió fue una luz que brevemente le hirió los hinchados ojos, después ya distinguía formas e iluminado por la luz de un faro veía a un chico al menos dos años mayor que ella, cabello corto. En realidad este chico podría ser cualquier chico excepto por la gran sonrisa que portaba maquillada en su rostro. Con la poca luz le pareció que estaba algo borrosa y algunas partes estaban corridas. Dentro de ese maquillaje ella encontró una sonrisa dedicada para ella, la hizo sentir acogida y segura.
-Hola. ¿Puedo ayudarte en algo?- Ella sonrió levemente sin ser consciente de ello, buscó algo fuera de Él con la mirada e hizo un ligero ademán negativo.
-Eso temía. En fin, ¿Gustas acompañarme a la tienda de la siguiente calle? Está abierta las veinticuatro horas, cuando termine ahí podemos regresar justo a este lugar. Podrías despejarte un poco.
-No quiero que estés aquí! Lárgate!
-Y lo que yo quiero es que estés bien. Que no estés a mitad de la noche sola en este lugar, sin embargo no es posible conseguir todo lo que queremos. ¿O sí?
La tomó de la mano y ella sólo se dejó llevar; todo estaba vacío, ningún coche se veía o si quiera oía cerca de la avenida. Llegaron a la tienda y ésta se veía sola y fría. Sin vida a mitad de la noche. Ella se quedó afuera esperando a que el hiciera sus compras.
Los pensamientos de Andrea iban por todas direcciones. “Qué curioso, este lugar me habría reflejado a la perfección hace unos minutos” Éste fue el pensamiento que acaparó su atención total un momento, hasta que la duda del tiempo que llevaba con este chico abarcó su mente. Intentando distraerse un poco, sacó su celular en busca de mensajes o llamadas perdidas de sus padres, llenos de desesperación por que su hija regresara a casa, de saber en dónde estaba o si estaba bien, pero la hora robó su atención unos segundos. Las tres de la madrugada. No encontró mensajes o llamadas de sus padres. “Así que su preocupación se fue tan rápido como llegó” Sus pensamientos fueron interrumpidos por el desconocido que salía del establecimiento.
Llevaba una cajetilla de cigarros marca “Lucky Strike” en la mano derecha y un encendedor en la izquierda. Mientras Él abría los cigarrillos, ella se notó que no sabía el nombre de aquél peculiar chico. El sacó un tabaco, lo llevó a sus labios y lo encendió. Se acercó a ella y dio una gran calada.
-Obviamente jamás dejaré que fumes. Es un hábito terrible.- Dijo mientras sonreía. Ella le devolvió la sonrisa, en tanto, él la tomaba del brazo y cumpliendo su palabra, regresaron al mismo sitio en donde la encontró. Ambos se sentaron en el suelo, recargados en la pared y Él seguía fumando, sin decir palabra alguna.
-¿Y cómo te llamas?- Preguntó Andrea por dos razones: Para matar el silencio que, aunque no era incómodo, daba acceso a sus pensamientos de recordar un mal momento y por otra parte lo cuestionó por sincera curiosidad. Noto cierta seriedad en él y soltó una risita para aligerar el ambiente.
-Estoy aquí para ayudarte, de hecho, siempre lo estaré. Y es por eso que no puedo decirte mi nombre. Lo divertido de las alucinaciones es que nunca sabrás si es real o no. Así que no te diré mi nombre y no tengo intención de averiguar el tuyo.
Ella se sentía divertida con él y sus juegos, aunque un poco decepcionada por no saber su nombre.
-Sólo con lo que estás haciendo desde que me saludaste me has ayudado. Confío en que me ayudarás mucho más, de alguna manera.- Sin darse cuenta realmente siguió hablando sobre sus padres y sus constantes peleas; de sus supuestos amigos, de cómo se sentía ajena a todo, como si no hubiera un lugar al que perteneciera. Cómo esa linda sonrisa con la que todos la veían, cada día le costaba más fuerza fingirla; cómo en ese tiempo detestaba la mayor parte de su vida. A excepción de la pintura. Le describió la libertad que le embriagaba cada vez que tomaba un pincel como si levitara hasta otro lugar en donde los colores y objetos danzaban al ritmo de su corazón y entonces, seguía pintando. Sólo existía una cosa que podía sacarla abruptamente de esa utopía y eso, eran los gritos de sus padres. Lloraba de nuevo y el la abrazo, buscando consolarla de alguna manera, ella sin saber si fue el gesto del abrazo o el olor de aquél personaje, lloró con mas Ímpetu, mientras le devolvía el abrazo. Andrea sintió que drenaba toda la tristeza de su cuerpo en esas lágrimas, Él solo pensaba en abrazarla, vagamente acariciaba su espalda, reconfortándola.
De un momento a otro, el sonido del celular de Andrea comenzó a sonar. Aunque ella no estaba segura, sintió que fue la interrupción por el celular fue instantánea a su incesante llanto. Eran ya las siete de la mañana. Mientras ella se impresiona por la ausencia de su noción del tiempo, se levantó desubicada. Noto que había estado durmiendo, frotó sus ojos intentando recordar su sueño cuando se acordó de Él. Volteó buscándolo y ahí estaba, viéndola directamente a los ojos, un poco serio. Se paró también y tomó su mochila, dio un vistazo a la cajetilla e introdujo el encendedor en ella. Luego le entregó la cajetilla a Andrea y volviéndose totalmente serio, le dijo:
-Queda la mitad. La próxima vez que quieras verme, simplemente sal con esto en mano.- Se acercó mucho a ella. -No fumes ni uno solo.
-Gracias por todo.- Dijo mientras lo abrazaba con fuerzas. -¿Cuándo te volveré a ver?
Él se separó del abrazo y ella recordó que así fue como lo vio la primera vez, aunque la sonrisa pintada estaba aún más borrada, sin embargo la sonrisa real hacia ella, su sonrisa, seguía ahí.
-Cierra los ojos.- Le ordenó tranquilamente y ella obedeció sin preguntar. -La próxima vez que me veas, te sentirás sola y triste. Sólo tienes que hacer lo mismo que hiciste anoche; cuando ya no puedas llorar más, sólo detente, cierra los ojos un instante y cuando los abras, ahí estaré para ayudarte, siempre será así. Sé muy feliz.- Ella sintió un beso en su mejilla. -Ahora, cierra los ojos, cuenta hasta diez y espera lo mejor.
Con los ojos cerrados, sintió que el calor del cuerpo que estaba frente a ella la abandonaba. Terminó su cuenta y vio a su padre a unas cuadras frente a ella, totalmente sucio. Se le veía un notable desvelo y la inmensa preocupación que solamente puede sentir un padre por su hijo.
-¡Andrea!- Gritó.
2
Andrea entro ruidosamente a su cuarto, se dejó caer sobre su cama con lágrimas en los ojos, estuvo llorando un buen rato hasta que se cuestionó si había cerrado o no la puerta de su casa pues sus padres no habían llegado aún, se levantó y noto que aún tenía las llaves de su casa en su mano, recordando que si lo había hecho, pero ya no quería dejarse caer en su cama de nuevo, ahora estaba más enojada que triste no sabía ni a quien pedirle ayuda, ni sabía que podía hacer, con lágrimas regresando a sus ojos, comenzó a aventarlo todo en su cuarto, haciendo todo un desastre hasta que vio algo que había olvidado hace tiempo, una cajetilla de cigarros “Lucky Strike”.
Por un instante todo desapareció y estaba solo ella y la cajetilla frente a ella, sin pensarlo dos veces tomo la cajetilla y salió corriendo de su casa, corrió como nunca antes al lugar donde lo había encontrado y casi emocionada espero ahí, volteando a todos lados esperando a que apareciera, quería gritar de la emoción, solo correr hacia él y nunca dejarlo ir, aquel hermoso misterio de su pasado que se guardó solo para ella, aquel momento que nadie ni nada podía arruinar, lo quería de regreso, pero el tiempo paso y el no aparecía, comenzó a enojarse, pensando que era una injusticia, reclamando al aire que él dijo que iría cuando ella lo necesitara, soltó un grito de ira soltando con sus dos manos un golpe a un árbol cercano, vio una gota de sangre correr por su mano hasta la cajetilla y ser absorbida por esta y regreso a la realidad, todo lo que había pasado le regreso de golpe tan fuerte que la tiro recargándose en la pared y con la mirada perdida mientras se daba cuenta que estaba sola, que ya no podía seguir viviendo en cuentos de hadas, que no había nada que haría que todo eso mejorara y con una punzada inmensa de dolor que le llego de sus manos del golpe al árbol soltó un grito mientras lagrimas comenzaban a brotarle de los ojos y metía su cara entre sus rodillas.
Era ya de noche cuando su celular comenzó a sonar, no sabía si seguía llorando o no, pero no había cambiado de posición en las últimas tres horas, aun le dolían sus manos y creía que le salía una gota de sangre cada que estaba a punto de cerrarse su herida de su mano izquierda, pues ya había un muy pequeño charco en el suelo, en el celular eran sus padres, no les contesto y solo les mando un mensaje de que se quedaría en la universidad hasta tarde, comenzó a tener frio pero no se movió, no quería regresar a su hogar, comenzó a temblar, el frio era demasiado, recordó el encendedor, lo saco, intento calentarse con eso pero de nada le sirvió, recordó que su exnovio, cuando tenía frio fumaba y eso le calmaba el frio, así que saco uno de los cigarrillos, con su mano izquierda se lo llevo a los labios, con su mano derecha con el encendedor, se acercó la mano a su rostro frente al cigarro, cerró los ojos y pensó "Ya que no viniste, nada me impide hacer esto" prendió el encendedor en el mismo instante en que el tabaco desapareció de sus labios, volteo hacia arriba y había alguien que no podía ver, tenía el cigarrillo en sus manos, y dijo:
-Te dije que si llegabas a fumar no me volverías a ver, acaso quieres eso?
-Claro que no.- Contesto ella.- Pero no llegaste cuando te necesitaba.
-No me necesitabas, yo te dije que estaría cuando me necesitaras y hace rato no me necesitabas, solo querías estar con alguien, con quien fuera, no conmigo, a mí no me necesitabas.- Dijo él.
-Y por qué estás aquí entonces?- Pregunto ella.
-Porque me necesitas, supongo.- Contesto y le extendió una mano, ella lo tomo, y se quejó al rozar con su herida de la mano derecha al tocarlo, él la tomo de las muñecas y la ayudo a pararse.
-Que te pasó?-Pregunto él.
-Nada.- Contestó ella.
La tomo por los hombros y la llevo bajo una luz cercana y le inspecciono las manos, la derecha tenía un raspón grande, la izquierda tenía una cortada larga y profunda con un pedazo de madera clavada, mientras él la inspeccionaba ella lo pudo ver, tenía el pelo un poco más largo, pero tenía una coleta en la parte de atrás, estaba un poco más alto, aún tenía su misma mochila, traía unos jeans rotos, una playera azul obscuro con un dibujo y una camisola.
-Tu mano izquierda esta grave.- Le dijo mientras la volteaba a ver, ella noto que tenía los ojos cafe claro y vio que tenía una sonrisa pintada como la noche en que lo conoció, también estaba despintada, pero en partes diferentes que la ves pasada.
-¿Cómo sé que eres real, como sé que no eres solo parte de mi imaginación?- Dijo ella
-No lo sabes.- Dijo el mientras sonreía y se marcó mejor su sonrisa pintada, era una sonrisa sincera, por un momento en el que sus ojos se encontraron mientras el sonreía, ella sintió una paz interior absoluta, como si toda su vida se redujera a un segundo y ese fuera ese segundo, cuando volvió en si por el dolor de su mano izquierda al el sacar el pedazo de madera, se dio cuenta que ella estaba sonriendo, el bajó su mochila y la abrió en el suelo, saco un pequeño botecito y una venda.
-Ven, abrázame y pon tus labios sobre mi hombro.- Le dijo él.
-¿Para qué?- Pregunto ella.
-Solo hazlo, créeme, me lo agradecerás.- Contesto él.
Ella lo obedeció, lo abrazo y puso sus labios sobre su hombro, un olor familiar la rodeo, y vio toda la noche que habían pasado juntos hace años, era un olor que no recordaba y que no había olido desde esa ves, no pudo evitar sonreír mientras escuchaba que él le decía:
-Ahora te va a doler mucho, y sé que no me puedes apretar con la otra mano por que te dolería aún más, pero muérdeme el hombro, tan fuerte como quieras, no importa.
El abrió el botecito que sacó de su mochila, en un algodón puso un líquido rojizo y paso el algodón por la mano izquierda de ella, ella grito lo más fuerte que pudo, pero el sonido se ahogó en el hombro de él que ella estaba mordiendo increíblemente fuerte, el solo dejo salir un leve sonido de molestia que ella no escucho, ella sintió su mano dormida y No fue hasta que noto el sabor a sangre que recordó que tenía sus dientes encajados en el hombro de él, se separó y vio que la estaba vendando.
-Ya paso lo peor.- Dijo él.
Ella se apanicó, notaba una pequeña gota de sangre en la playera de él, el solo la volteo a ver y con una mirada le hiso entender que no había problema.
-Muchas gracias.- Dijo ella mientras se secaba unas lágrimas que le salían por el dolor, termino de vendarla y checo que todos sus dedos estuvieran bien, le tomo la otra mano y con otro algodón le limpio la raspadura, le dolió mucho menos, así que ni gritó, al terminar le vendó la mano derecha también.
-¿Así está mejor, no crees? - Le dijo el mientras se metía un tercer algodón para curar lo que fuera que le había dejado ella.
Ella se sonrojo y volteo su cara para evitar la mirada de él y asintió con su cabeza, vio la calle en total silencio, y el parque completamente oscuro, no sabía qué hora era, no se veían coches o personas, sintió calor a su alrededor, y vio la chamarra de el sobre ella.
-Perdona por sorprenderte, estabas temblando.- Le dijo él.
-Muchas gracias.- Dijo ella.- Ven.
Y lo condujo hacia el parque, comenzaron a caminar por ahí mientras el encendía un cigarro, llegaron a una parte por el centro del parque donde pareciera que estaban solo rodeados por árboles, ahí se sentaron.
-Y por qué me necesitas hoy, si se puede saber.- Dijo él y dejo salir humo de su boca hacia el cielo estrellado.
-Hoy termine con mi novio.- Espero a que el dijera algo pero guardo silencio, solo veía a la luna que estaba sobre ellos, ella siguió hablando:
-Comenzamos a andar como un año después de que te conocí, de hecho en un mes cumplíamos cuatro años, tuvimos nuestros problemas pero nada que no pudiéramos superar, hasta.- Y se le quebró la voz, noto como él tenía su mirada fija en ella, eso la hacía sentir extraña, como desnuda, pero no en cuerpo, como si el pudiera ver su todo a través de sus ojos, así que desvió la mirada y siguió hablando.- Que me engaño, o bueno, algo así, resulta que todo este tiempo siempre estuvo enamorado de alguien mas, no pude perdonarlo.- Comenzó a llorar, esperando que en cualquier segundo él la abrazara y le dijera que todo estará mejor, que su ex no vale la pena, o cualquier cosa, pero eso no paso, lo volteo a ver y él estaba soltando humo hacia el cielo con la mirada clavada en la luna.
-¿Lo amabas?-Pregunto él.
-Qué clase de pregunta es esa.- Contesto ella.- claro que lo amaba y... -¿Él te amaba?- La interrumpió el.
-Eh, si, supongo, no sé, con todo lo...
-¿Y eso cómo te hace sentir?- la volvió a interrumpir el.
-¿Como que como? Me hace sentir triste.- Contesto ella enojándose un poco.
-¿Solo triste?- Pregunto él.
Ella no contesto, no entendía por qué él se comportaba así, por qué no intentaba ayudarla abrazándola o siquiera volteándola a ver, quería irse, estaba cada vez más enojada.
-Piénsalo, piénsalo muy bien, si, estas trise, pero que más sientes, ve más allá de la tristeza.- Dijo él.
Ella volteo para decirle que se callara que se fuera, que no quería volver a verlo, pero se encontró con sus ojos, fijos en los de ella, y solo comenzó a hablar como si estuviera hipnotizada:
-Pues estoy muy triste, pero también enojada, confiaba en el pero el rompió toda esa confianza con su gran mentira, y me enoja más por todas las cosas que le perdone y que él me reclamo.
-Entonces no lo amas.- Dijo el, mientras volvía a soltar humo hacia el cielo.
-Como te atreves a decirme que no amo a la persona con la que pase los últimos años de mi vida, por la cual me desviví y por la cual hice todo lo posible para que fuera...- El volteo bruscamente a verla, estaba muy cerca de ella, sintió sus ojos penetrantes en su mirada pero ya no podía ni moverse.
-Me dices que por cuatro años estuvo enamorado de alguien mas en secreto, y no solo eso sino que te dio también razones para ocasionar peleas, también me dices que te reclamaba cosas, está claro que él no te amaba, entonces él no lo entrego todo como tú, y tú lo sabias pero elegiste no verlo, y tu si lo entregaste todo, y lo intentaste, pero un amor no es amor si no es correspondido, hoy en día usamos la palabra cariño y amor tan liberalmente que para algunas personas les es difícil incluso ver la diferencia, el amor no puede definirse por una palabra, es un sentimiento que solo tendrás por tres tipos de personas, y eso no es seguro para dos de esos tres , uno son tus padres, cuando te apoyan y trabajan duro para merecérselo, el numero dos es esa persona que hará hasta lo imposible para ganárselo, pero nunca tendrá que hacer lo imposible, porque si se merece tu amor, es porque tú te mereces el de él, y así juntos ser felices y tener una relación, y una relación no tiene que ser perfecta, no son solo momentos felices, hay peleas, hay decepciones y hay tristeza, pero lo que nunca hay son mentiras, porque una vez que encuentras a esa persona entonces para ti hay solo dos tipos de personas, esa persona especial y todos los demás, eso es amor, y para como lo describiste estoy seguro de que tu no lo ves así, así que repito, no lo amas.
Ella no sabía como reaccionar, era demasiada información para procesarla en un segundo, con su mirada perdida en la obscuridad solo vio la silueta de él junto a ella fumarse lentamente tres cigarros más antes de que ella pudiera hablar:
-Tienes razón.- Y una gran paz estuvo dentro de ella, se sentó bien y volteo hacia arriba, y comprendió porque él se la pasaba viendo hacia arriba, no había una sola nube, y en ese punto en el parque, el espacio se veía muy claro, el cielo estaba completamente estrellado, y una luna enorme estaba casi sobre ellos.
-Supongo que no me dirás tu nombre, cierto?- Pregunto ella.
-Supones bien.- Dijo el mientras soltaba otra leve risa.
-¿Y tú de dónde vienes, cuál es tu historia, porque yo no aparezco cuando me necesitas?
-Tú me has ayudado mucho más de lo que te imaginas.-Dijo el mientras soltaba humo hacia el cielo, y continuó.- En cuanto a dónde vengo o mi historia, no importa realmente en este momento.- La volteo a ver y le sonrió.
Ella volteó y le sonrió de regreso, se pasó su pelo detrás de su oreja y acerco su mano izquierda a tocar el rostro de él, noto que ese día no se había rasurado, toco la sonrisa y vio que si era pintura blanca con negro que podía quitarse fácilmente con los dedos, le quito un poco y se puso ella, ambos rieron, regreso su mano al rostro de él, toco sus labios y su barbilla, subió su mano, estudiaba detalladamente su rostro, cuando paso su cabello detrás de su oreja del otro lado noto una cicatriz junto a su ojo izquierdo, dando la sensación de tener el ojo rasgado, la toco y se acercó a observarla más detenidamente pero el tomo su mano con la de él, y la bajo:
-Es tarde, deberías ir a casa, necesitas dormir. -Dijo él.
-No, no quiero, porque si me voy ahora sé que desaparecerás de nuevo, y si no tengo manera de encontrarte no quiero dejar de estar contigo.- Le dijo ella.
El sonrió y puso una cara de tristeza mientras desviaba la mirada, volteo a ver el cielo y dijo:
-Al amanecer, desaparezco.
Volteo a verla de nuevo y ella estaba más cerca de él, miraba de cerca sus ojos, veía sus líneas y manchas, y como se dilataba su pupila, los observaba cuidadosa mente, comenzó a acercarse de nuevo hacia el para besarlo, él se levantó:
-No, no debes hacer eso.- Le dijo él.
Ella se levantó junto a él, y comenzaron a caminar por el parque, ella le tomo la mano después de un rato y el no dijo ni hiso nada, solo siguieron caminando, realmente no era muy grande, pero en esa obscuridad y la velocidad con la que caminaban, pareciera que fuese un bosque, llegaron a un lugar con pasto y ella se detuvo, él no se dio cuenta y se detuvo de golpe, por estar dándole la mano a ella y ella no soltándolo, ella lo puso contra un árbol, lo abrazo por el cuello y se acercó lentamente a él, sin dejar de ver sus ojos, el solo pudo decir:
-No.- Y se besaron.
3
Andrea salio corriendo, envuelta en llanto, ni siquiera se fijo al cruzar la calle, ya nada le importaba, tenia puesta la chamarra de el, pero en ese momento ni siquiera eso le podía ayudar, en algún punto de alguna calle se tiro de rodillas y comenzó a llorar, del funeral intentaron seguirla pero nadie la encontró, ella seguía llorando, no podía creer que estuviera viviendo en un mundo donde sus padres estaban muertos, ya no quería nada, no quería ni regresar a su trabajo que amaba, o seguir buscándolo a el, ya estaba harta de todo, solo quería desaparecer, camino sin rumbo por horas con lágrimas cayendo de sus ojos, no se daba cuenta siquiera si había alguien mas en la calle, solo caminaba como llevada por el viento, sin un destino en si, después de un rato no supo si se había quedado ciega o se había hecho de noche, se limpio los ojos vio que estaba en un parque cerca de su vieja casa, volteo al cielo y se veía casi igual que hace 10 años, busco la banca donde estuvieron, ahí estaba el cigarro que ella dejaba cada semana esperando que el lo viera, lo tomo, lo rompió por la mitad y lo aventó al piso, dio un grito al aire, y gritando dijo:
-Ahora como me vas a explicar que no te necesito en este momento, como me vas a hacer creer que todo esto tiene sentido, quien te crees tu para desaparecer así como así por todos estos años, eres solo un maldito eso es lo que eres!-se tiro agotada en la banca quedandose dormida casi instantáneamente, sonó con esa noche, como lo hacia cada ves que dormía en los últimos diez años, el sueño comenzó como siempre.
Se despertó en su cama, estaba completamente desubicada, su ultimo recuerdo de la noche anterior era haberlo besado, se pregunto si todo el día anterior había sido real, cuando vio su mano izquierda con la venda, la derecha también, vio que traía puesta la chamarra de el, que era solo roja, no tenia nada especial, en la puerta de su cuarto había una nota de su madre que decía:
"Hija, nos da gusto que te esfuerces en tus estudios, pero tampoco te quedes tan tarde, nos preocupas. Te queremos tu padre y yo, besos." se miro en el espejo y vio la pintura que se había embarrado ella, y una pasta gris en sus labios, se llevo los dedos a sus labios y sintió un cosquilleo que le trajo los recuerdos de la noche anterior.
Continuaron besándose contra el árbol, ella le mordió el cuello y terminaron acostados en el pasto, se besaron por un buen rato, hasta que ella solo termino acostada sobre su pecho, y el le pasaba los dedos por su cabeza, el checo su celular y vio que faltaba poco para que amaneciera.
Cuidadosamente y procurando no despertarla del todo se levantaron y le dijo que lo llevara a su casa, el la acompaño casi cargándola, ella abrió y el la acompaño hasta su cuarto, la acostó y le beso la frente, le borro la marca de pintura que le dejo, dio un vistaso a su cuarto y vio un cuaderno de ella con una portada de un grupo y su nombre y susurro:
"Tienes muy buenos gustos Andrea, me hubiera gustado conocerte en una situación diferente" se escucharon pasos y el salio corriendo del cuarto.
En el sueño Andrea siempre veía todo esto en tercera persona, siempre intentaba seguirlo pero nunca lo encontraba, en cuanto salia de su cuarto caía en un vórtice blanco y negro mientras sonaba una canción del grupo que vio el en su cuaderno, una canción que la tranquilizaba y le subía el animo, y así siempre despertaba, tranquila y feliz, aunque pensaba en el y se desanimaba un poco, pero aun así seguía adelante.
Escucho unos pajaros cantar, y despertó, le dolía todo, y moría de frió, pero noto otra chamarra sobre ella, la luz del sol la deslumbro.
-Apenas esta amaneciendo, tranquila.
Era la vos de un hombre, se levanto de un salto, sintiendo miedo de lo que le podría pasar.
-Tranquila, tranquila.- Repitio el hombre.
Sus ojos se acostumbraron a la luz y vio al hombre que le había hablado, tenia su camisa rasgada y usaba unos jeans rotos, le salia un poco de sangre de su hombro, tenia una cicatriz en el cuello, ella acerco su mano a su rostro, le toco la barbilla y noto que no se había rasurado ese día, paso su mano por una cicatriz en su cachete izquierdo, y le paso el cabello detrás de la oreja, paso su otra mano por su cicatriz del ojo y paso su pelo detrás de su oreja para ver sus ojos, le beso la frente y paso su atención a su hombro, le bajo con cuidado su camisa, y vio que tenia una cortada pequeña pero profunda, justo en el centro de otra marca casi circular y en linea punteada, paso sus dedos por esa marca:
-Esa es la marca de tus dientes.-Dijo el mientras soltaba una leve risa y se desplomaba en la banca, ella comienzo a decir repetidamente no, intento cargarlo y vio en su camiza como se llenaba de sangre una parte en el estomago, le levanto la camiza y vio una gran cortada, grito:
-No!- Y el se desmayo.
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